domingo, 14 de marzo de 2010

La Profecía Autocumplida


Mi amigo Luis me dejó de garpe. Este domingo íbamos a reunirnos en su hermosa casa, con Tuti, la ecónoma del hogar, a la sazón esposa legítima y chica más linda del barrio, y sus hermosos Felipe y Manuel.
La idea era manducar los mejores choris de Parque Patricios, ergo: el mundo; beber Fondes de Caves várioses y afterwards tirarnos a ver Liverpool, de Lisandro Alonso, la mejor película argentina desde Breve Cielo, que compré esta semana para que los chicos la vieran.
Pero el puto de Luis (una auténtica maza), ayer dejó un mail disculpándose porque había olvidado…
Ahora me estoy clavando la focaccia de damascos, roquefort y fleur de sel que había preparado para llevar pero sabe tan mal by eating it alone like a dog.
Otro domingo de limpiar el biorsi y ver los Simpson.

You Luis, mother fucker!

martes, 9 de marzo de 2010

Hollywood hace Justicia



Se olvidaron de mencionarte en la acostumbrada necrológica glam de los Oscar. Un acto de justicia que repara tanto lípido, nuestra muy querida. Sos demasiado hermosa para quedar atrapada en la grasa de Steve Martin y en esa ceremonia espantosa con coreografías que parecían diseñadas por Reyna Reech.
No te merecieron nunca, hermosa Farah.
Justicia. Justicia.
Lero, lero.
Calenchu.

lunes, 18 de enero de 2010

Haití



[testimonio de una militante feminista]




Queridas amigas, regresé en la madrugada de hoy de Haití, todo lo que pueda contar es poco. El olor a cadáveres nubla la razón, los miles de cuerpos atrapados y llorando debajo de los escombros te hace sentir una migaja, las personas parecen mirar a otro mundo, sus ojos parecen relámpagos que huyen del horror. Las gentes son caminantes, que van y vienen sin rumbo, deambulantes que cargan dolor y miseria, deambulantes que cargan sueños en ruinas, las gentes caminan, caminan, caminan, es como si al caminar se liberaran de la tragedia. Las calles están llenas de cadáveres en descomposició n, ayer en la tarde decidieron, enterrar a sus muertos en fosas comunes, es probable que pidiendo perdón a sus dioses, diosas y ancestros, decidieran sobrevivir al terremoto de los olores, y enterrar a los suyos en fosas comunes. Han construido improvisados campamentos en cada espacio que la tragedia haya dejado libre, en plazas parques, calles, solares vacíos, aun en las poquísimas estructuras que quedan levantadas, las gentes no entran, estar bajo algún techo genera temor, inseguridad, miedo, pues aun la tierra sigue danzando, reacomodando sus placas, cerrando su ciclo. Todavía ayer no llegaba asistencia médica a los campamentos, y en las calles las personas intentaban curar sus heridas y alargar la muerte mediante lo único que tenían a mano, la espera. La deshidratació n marcaba la piel, pues su único techo era el sol, por suerte la lluvia ha contenido sus lágrimas y a la caída del sol las personas podían tirarse a los suelos arropados con su dolor. Las caras lánguidas por el hambre y la sed, mermaban las energías y mostraban un cuadro de tranquila agonía. El lugar de reposo, es también el mismo lugar para hacer las necesidades fisiológicas.Amigas, el llanto debajo de los escombros y el llanto por las heridas, por los golpes, el llanto por la cuasi vida, es imposible borrarlo, es imposible dejar de escucharlo, hoy, en medio de reuniones he intentado poner oídos sordos a esos llantos, pero siguen ahí.Decidí buscar a mis amigas, a Lise, a Colette, a Ann Marie, a Miriam, a Nikette, a Susy, a Magui, a Olga y a otras, y fui a visitar sus oficinas, algunas estaban convertidas en polvo, otras semidestruidas y nos las encontré a ninguna. Una persona me informó que Ann Marie murió, lloré, lloré, lloré y seguí.No, solo las personas, también las infraestructuras del Estado sucumbieron (Palacio Presidencial, Hospitales, Ministerio de Economía y Finanzas, Ministerio de Educación, Ministerio de Salud, Ministerio Publico, Ministerio del Interior, Obras Publicas, Fuerzas Armadas, Edificio de Impuestos Internos, en fin, el Estado no existe. La ayuda es lenta, porque no hay con quien coordinar, el aeropuerto no tiene torre de control, no tienen espacio para que lleguen más aviones, no hay luz para trabajar en la noche. Naciones Unidas abrió un puente aéreo, pero no es suficiente.Las organizaciones de sociedad civil, constituimos una comisión binacional para intentar crear una plataforma en Haití que pueda ser receptora de la ayuda, estamos haciendo intentos por infundirle un poco de fuerza a las amigas y amigos que no partieron, para que estructuremos una coordinación, tomará un poco de tiempo, pero vamos a lograrlo, las Haitianas y Haitianos son de una fuerza especial y se van a reponer.Amigas, en este momento la solidaridad es el único aliciente, la solidaridad es la única fuerza que logrará contener el silencio del dolor y hacer que nuestras hermanas sientan emoción de mirar el futuro. Un abrazo a todas. Sergia Galván.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Piedras en la tormenta

Soy una piedra del camino en medio de la tormenta, no soy la piedra de un palacio, ni de una audiencia, ni de una iglesia... dijo con los ojos llenos de lágrimas, dijo que tal vez era de León Felipe, dijo que también era una canción.
Vuelvo a mi casa, esta noche, con esos versos en la cabeza. Vuelvo a escuchar la canción más hermosa del mundo y tal vez una de las más tristes, La casa de al lado... La estuviste escuchando hace poco y te pusiste triste, seguro, quién no, tal vez también somos una piedra del camino en medio de la tormenta, pero somos una piedra con corazón. Nos conmueve el mundo todavía, somos afortunados, mi tan querido. Nos conmueve el mundo, nos indigna el mundo, nos impacta el mundo. Mi mamá solía decir una frase, cuando yo era chica, que me alucinaba: "tal se lleva el mundo por delante"... así quería ser de grande: llevarme el mundo por delante... que me quedara chico el mundo, pensaba. Pero el mundo es grande y, a veces, ancho y ajeno. Pero en el mundo también estás vos y, bendita sea, estas dos piedras del camino se encontraron en medio de la tormenta y en algún momento escampó. Siempre escampa, tarde o temprano, y todo después de las tormentas parece como recién nacido.
Hace pocos días estuve con un viejo amigo viendo atardecer de cara al río Paraná: estaba movedizo el río y las luces iban cambiando sobre las islas de enfrente... hablamos de un cuento de Daniel Moyano, yo no me lo acordaba mucho y él me lo contó de nuevo. Hablamos de la tremenda y pasmosa humanidad de ese relato. No tendría buena prensa ahora esa historia, dijimos. El rescate, se llama. Un muchacho mata a otro en los cerros. El asesino escapa. Su familia se averguenza: el asesinado es el hijo y único sostén de la vecina. El chico anda prófugo. Llega la policía a la casa de la madre que ha perdido a su hijo. Mientras, ella escucha unos ruidos en la pieza del hijo. Va a ver y, andrajoso, flaco, aterrado, encuentra al asesino. Ella calla frente a la policía. Cuando se marchan, le lleva comida al fugitivo. Le da la ropa del hijo muerto. Oculta al asesino de su hijo. Tal vez piensa en la venganza. Un día, el muchacho se atreve a salir al patio. Agarra una azada. Empieza a trabajar la tierra. Se queda con ella. No, definitivamente no tendría prensa este relato. En algún momento la madre piensa y comprende que, en realidad, el asesino podría haber sido su hijo. Uno fue más rápido que el otro nomás. Quizás el mundo habría sido más coherente de haberlo escrito Moyano. De entre las piedras del cerro brota una huerta, labrada con la misma herramienta que dio muerte a un muchacho.
Y el río, deberías haberlo visto, tan marrón y revoltoso, tan verdadero. Como las lágrimas de ese tipo cantando a León Felipe. Como los años que pasan. Como vos diciendo que es mejor ahora que a los 20. Es verdad: es mejor ahora. Siempre es mejor ahora.
Por todos los años, amigo mío. Por la ira estallada y estrellada. Por la belleza inmensa de las tormentas. Salud!

Como tú, de León Felipe por Amparo Ochoa.

jueves, 3 de diciembre de 2009

¡Patitas pa que te quiero!!!





Sí, a mí también me gustan los mininos.
Sobre todo desde hace unos años, cuando Rafael vino con su jaulita y su nombre a vivir conmigo y mostró una lógica inclaudicable. Rafael es buen mozo, todito gris acero y mantiene la figura, además de llevar un cascabel colgando de su cuello. Lo de la lógica incaudicable (algo que los reinos animal, mineral y vegetal comparten respecto de mí) podría resumirse así: Rafael es hermoso y no me da bola. Pasa ante mi con toda su beldad y ni me mira o cuando me mira es para estudiar bien todas las vías de escape disponibles para rajar apenas percibe que me muevo para mendigarle una caricia.
Rafael ni me mira ni me permite que lo toque. Yo, claro, obvio, por supuesto: me muero de amor y canto Todo me recuerda miau miau a tí en eterno ripit para mis adentros.
A Gabriela Michetti le haría muy bien aprender de mi gatito aunque, creamén, no se lo presto ni un sólo ratico.
Gabriela Michetti, la ex Vice Jefa de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que renunció a su puesto para ser diputrucha, es una MENTIROSA y en el videíto de más abajo está la prueba.
Cuando necesitaba los votos de esta ciudad veleta e inculta se la pasó hablando de instucionalidad y de todas las cosas que no quieren decir nada y con las que la enorme gilada porteña se queda contenta. Es experta en caer bien sin decir absolútamente nada y vive haciéndole ole a las definiciones en las que se pueda perfilar algún pensamiento que no esté atado a la inmoralidad de su jefe.
Sin embargo, cuando la coyuntura lo exige, demuestra que no sólo no tiene convicciones propias para defender sino que es capaz de entregarlo todo a una negociación que está perdida de antemano. Es increíble que nos obliguen a todos a vivir bajo la dominación católica (esa secta que ama a la humanidad sólo cuando la misma tiene lepra y se somete a sus perversiones) como si en Argentina el Estado y la iglesia no se hubieran separado (¡gracias a diosa!) hace décadas.
Los invito a ver la prueba incontrastable de que para Michetti da lo mismo ser derecha que traidora, usté sólo pinche aquí http://www.youtube.com/watch?v=dje7AjSuVxw

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Mininos

Hoy estaba escuchando la radio. El programa de Fernando Bravo. No es que escuche a Fernando Bravo; escucho a Víctor Hugo y después el dial queda clavado ahí... si total ya me voy, pienso siempre, y me da pereza cambiar la emisora... para lo que hay a esa hora. No me gusta Fernando Bravo ni su equipo. No me gusta Leuco. No me gusta la cortina musical del programa que se parece a una canción de Carlitos Balá, que no me gustaba ni cuando era chica. No me gusta que el programa se llame bravo punto com, hubiese sido vistoso cuando salió la internet, pero ahora... No me gusta porque es complaciente con los oyentes y sus quejas y los oyentes de continental, o por lo menos los que se manifiestan vía mail o dejan mensajes telefónicos grabados, son una caterva de intolerantes.
Pero ahí lo dejo, de pura pereza. Recién almorzada, tengo más ganas de dormir la siesta que otra cosa. Ahí estaba hoy, de fondo a mi manera de pasar la última media hora en el trabajo. Entonces Fernando Bravo empieza a leer mails de los oyentes. Y lee uno de una mujer que dice que su marido, que tiene alguna enfermedad tremenda, se atiende en el Ramos Mejía. Paro la oreja porque el Ramos es mi hospital. El hospital donde trabajo y también el hospital donde me atiendo y donde se atienden mis amigos que no tienen obra social. Yo tengo y me atiendo ahí igual. Hasta cuando tenía osde me atendía en el Ramos, porque es un buen hospital.
Entonces la oyente en cuestión dice que el Ramos y la excelencia de sus médicos, etcétera. Y a mí me da como orgullo que hablen así de nosotros. Es raro, porque en general me da lo mismo trabajar ahí que en cualquier parte... si total a mí no me gusta trabajar. Pero cuando el Ramos salta a la prensa por su excelencia, me da gusto... por más que lo que yo hago ahí no le salva la vida a nadie ni se la mejora. Igual, en esos momentos, me inflamo, me pongo la camiseta. Bien, Ramito viejo y peludo, pienso.
El mail sigue y no tarda en aparecer el pero: pero pese a sus profesionales, algo así dice la oyente, es inadmisible que en la vereda que da a Urquiza, el frente del hospital, vivan 3 familias de indigentes desde hace meses, con todos sus bártulos, ocupando casi todo el espacio público, frente a una parada de ómnibus... y los gatos, gatos por todas partes, en el hall de entrada, en los pasillos, dígame, Fernando, si es compatible que haya gatos en un hospital?; se pregunta ofuscada y Fernando, el locutor, se encarga de poner todos los acentos de la indignación. Podrá hacer algo el gobierno de la ciudad al respecto?!, declama la oyente a través de Fernando. Fernando, que es un muchahco que la juega de provinciano, no se va a meter con las 3 familias sin techo que viven en la vereda, no es tan bravo para meterse en terrenos políticamente incorrectos. Pero los gatos es otro asunto. Sencillo ponerse del lado de su oyente comprendiendo su ofuscación porque haya gatos en un hospital. Tremendo, dice Bravo, la prensa se ha ocupado mucho del tema, con notas y hasta fotos, pero nadie se hace cargo, etcétera. Todo lo que dice se puede resumir en etcétera, así de predecible.
Y me inflamo otra vez, no de orgullo si no de rabia. Me acuerdo, ahora, de un capítulo del Chavo donde se pone a llorar, aparentemente por ser pobre. El Profesor Jirafales le dice: Chavito, no tienes que llorar, no tiene que avergonzarte ser pobre. Y el Chavo responde: no me da verguenza, me da coraje (bronca)!
Me dan ganas de decirle a la señora oyente que hace unos años, seguramente no lo sabe porque por suerte su marido entonces gozaría de buena salud o de prepaga, habían erradicado completamente a los gatos del Ramos. Desaparecieron los gatos y las ratas les calentaban los pies a los pacientes, probaban su comida... ah, se habrán sentido como príncipes en esa época: pequeños bufones dentudos catando sus banquetes para certificar que no estaban envenados, durmiendo a los pies de la cama como diminutos lebreles. Así que allí fueron los de Mantenimeinto a buscar gatos al hospital Penna; cual Noés de una sola especie trajeron varias parejas, porque los gatos son más baratos y más salubres que los venenos.
También quisiera corregirla, si me permite señora oyente, los gatos no deambulan por los pasillos, se lo digo yo que hace 5 años transito diariamente esos pasillos: a los gatos no les gusta estar con gente enferma que no conocen, prefieren asolearse en el parque del hospital, dormitar sobre los techos de los autos en el estacionamiento. Si voy más lejos le diría que si hay gatos en el hospital es porque hay gente (como usted y como yo) que los deja ahí, en banda. Porque es lindo el gatito cuando es cahorro, gracioso corriendo atrás de los ovillos, persiguiendo polillas, qué simpático el gatito, mirá cómo rasguña el sillón. Un muñequito de peluche, un tamagochi, te diría. Ah, pero cómo, también come, caga, mea, se alza?! Sí, señora, como usted y como yo! Ah, ya no me causa gracia, esos pelos, esos pelos... qué suerte tener un hospital cerca, porque una no es una desalmada, no va a darles un palo en la cabeza tampoco, somos gente civilizada, no?
Pero los gatos, esos expulsados de todas partes, esos artífices de la mala suerte, esos peludos con tan mala prensa. Si así fuera, señora oyente, a su marido no lo salva ni el excelentísimo equipo de médicos del Ramos, créame.